Un artículo precedente (coodormir y seguridad del bebé) daba una idea general sobre los riesgos de la muerte súbita del bebé o de la muerte inesperada en los bebés, como también las precauciones a tomar para asegurar la seguridad del bebé. Si el coodormir con el bebé (compartir la habitación de los padres) es recomendado por todos los expertos, compartir la cama es una práctica controvertida debido a los riesgos que puede acarrear.

Según diferentes encuestas norteamericanas y europeas, alrededor de un 25% a 50% de las nuevas mamás comparten su cama con su bebé de vez en cuando. Porque una madre o los padres escogen compartir su cama con el bebé?

Con mayor frecuencia, es porque esta proximidad facilita el amamantamiento, como también el sueño del bebé y de la madre. En una investigación por la doctora Helen Ball, en Inglaterra, 72% de las madres que habían amamantado durante al menos un mes, han compartido su cama con su bebé durante los primeros meses, mientras que solamente el 38% de otras lo hicieron. La mayoría de los bebés empiezan su noche en una colchoneta cerca de la cama de los padres, son tomados por la madre dentro de su cama para el primer amamantamiento de la noche y se quedan ahí para terminar la noche. Parece que alrededor de un 25% de padres que alimentan su bebé con biberón, comparten su cama con él: Para la filosofía de la educación de los niños, por necesidad (bebé irritable o enfermo, familia de viaje) por placer o por falta de espacio.

Constatamos la existencia de dos grupos de madres (padres) que comparten la cama: los “intencionales”, aquellos que lo hacen por convicción y los “reacctivos”, que lo hacen por necesidad, porque es la mejor forma de calmar a su bebé y asegurarse una noche más confortable, para los padres. La mayoría (un poco más del 60%) de madres de dos grupos están de acuerdo con que el coodormir es bueno para reconfortar al niño, por su salud emocional, por el acercamiento de la familia. Una mayoría, casi idéntica, está también de acuerdo con que esta práctica molesta el sueño, el sueño del compañero y la relación de pareja. Una madre “reactiva”, que decide continuar, a pesar de los inconvenientes, dice: “es la vida con un bebé”; otra dice: “no es lo que habíamos previsto, pero mi niño lo necesita”. Ciertos padres “intencionales”, (20%) dicen tener, de vez encunado, diferencias de opinión con el compañero sobre la organización de las etapas del sueño del bebé y de sus padres. Una madre dice: “a veces me gustaría pegarme contra mi novio y hay un bebé entre nosotros, algunas veces me despierto porque recibí una patada en el pecho. Yo se que hago lo que es mejor para mi bebé y es una alegría ver su dulce sonrisa al despertarse. Pero tengo que decirle que no es fácil todo el tiempo.”

Un estudio de Barone (2002) hace resaltar diferencias entre los bebés que duermen solos en su habitación y los que comparten la cama con su madre: con los solitarios se constata que el sueño es más agitado, por consiguiente más estrés: más de movimiento, sobresaltos, lloriqueos (se requiere más para hacer venir a la madre). Los bebés que comparten la cama de la madre son menos agitados, es raro que se sobresalten, lloran menos, pasan más tiempo de sueño ligero y se despiertan con más frecuencia que los solitarios. Las madres que amamantan no se quejan en general de despertarse (y amamantan) con mayor frecuencia durante la noche: sus ciclos de sueño se sincronizan con los del bebé y cuando se despiertan, es por menos tiempo y molestan menos comparándolos con las madres que se levantan de su cama para ocuparse del bebé.

Observaciones de parejas madres – bebés que comparten la cama han sido hechos en laboratorios y a domicilio, con la ayuda de cámaras infrarrojas, para los antropólogos J. McKenna et H. Ball en los Estados Unidos e Inglaterra. Han constatado diferencias de comportamiento entre las madres que amamantan con el seno y las que lo hacen con el biberón. Las primeras se acomodan, casi siempre de lado, la cara del bebé a la altura del pecho, las piernas levantadas bajo sus pies y un brazo por encima de la cabeza. Esta ubicación maternal, impide al bebé de migrar hacia la almohada y la cabeza de la cama, que podría causarle un problema. Y en esta posición, la madre no puede retroceder y acostarse sobre el bebé, el padre no podrá hacerlo tampoco, durante el sueño sin despertar a la madre.

Una vez dormidos con él, las madres que ofrecen el biberón, no tienen la ventaja de tener ciclos de sueño sincronizados con los del bebé y no reaccionan, lo suficiente rápido a los movimientos y ruidos del bebé. Ellas lo posicionan generalmente en lo alto de la cama, la cabeza a la altura de su cara. Además, ellas le voltean con más frecuencia la espalda, contrariamente a las madres que amamantan, que lo hacen de cara a su bebé en una colchoneta al lado de la cama.

Agreguemos, de todos modos, las madres que tienen la costumbre de compartir su cama con el bebé, lo ubican más cerca de ellas y responden más rápido a sus necesidades que las madres que no tienen la costumbre de compartir la cama. Será que la sensibilidad que demuestran espontáneamente la mayoría de las madres que amamantan, puede aprenderse con la experiencia con las otras? Una vez las informaciones digeridas, le corresponde a cada madre, a cada pareja, experimentar y escoger lo que mejor le conviene, con el mayor respeto de su bebé y de ellas mismas.

Claudette Nantel

Psicoterapeuta especializada en Psicología pre y perinatal

claudettenantel@sympatico.ca

This article is presented by Maman Kangourou (www.mamankangourou.com)

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